Frecuento este lugar, pequeño, recogido y concurrido
habitualmente. Ayer, por el contrario, a esa hora, solo mi presencia callada
permanecía en el local. Sentado y mirando la escena que tenía delante pensé en
cuantas historias se iban a desarrollar y hacer acto de presencia en breves
minutos. Y así fue como tuve la sensación de estar experimentando un momento
especial. Un momento en el que nadie se interponía entre mi felicidad y esas
ausencias que hacían posible ese momento único en el que la fotografía no solo
cuenta una historia sino, que además puede procurar un bien estar infinito.
