Una vieja estación de ferrocarriles fuera de servicio y un
tren detenido por mucho tiempo pueden servir de excusa para hablar fotográficamente
del correr de los días. Todo pasa a una velocidad vertiginosa cuando se alcanza
una determinada edad y a veces, en un rincón escondido de la mente, algo se
revela y quiere detener esa prisa.
Mientras caminaba por esta estación, hoy Museo del tren, me
asalto esa idea y me detuve a tomar la foto que representaba ese deseo, ese
sueño imposible. Esto no hay quien lo detenga..
